Omega-3, rinitis alérgica y asma: ¿puede ayudar a nuestros hijos?

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Si tienes un hijo con rinitis alérgica o asma, probablemente conozcas bien esos días de mocos, estornudos, nariz taponada, tos o dificultad para respirar. Y seguramente también te hayas preguntado más de una vez: “¿Hay algo que podamos hacer para ayudarle, además del tratamiento que ya tiene?”

La respuesta no está en un único alimento ni en un suplemento milagroso. Pero sí podemos cuidar muchos aspectos que ayudan al organismo a funcionar mejor. Y uno de ellos puede ser el omega-3.

¿Qué tiene que ver el omega-3 con la inflamación?

El omega-3 es un tipo de grasa que nuestro cuerpo necesita y que podemos obtener a través de la alimentación, sobre todo del pescado azul. También podemos encontrarlo en algunos alimentos vegetales, aunque el tipo de omega-3 que contienen no se aprovecha de la misma manera.

¿Por qué hablamos tanto de él cuando hay alergias o problemas respiratorios?

Porque el omega-3 participa en diferentes procesos relacionados con la inflamación y la respuesta de nuestras defensas. Y tanto la rinitis alérgica como el asma están relacionadas con procesos inflamatorios de las vías respiratorias.

Esto no significa que tomar omega-3 vaya a curar el asma o hacer desaparecer una alergia. No es un medicamento ni sustituye el tratamiento indicado por el pediatra o el especialista. Pero puede ser una herramienta más dentro de unos hábitos saludables.

Una mirada más amplia: la inflamación desde una visión integral

Desde la psiconeuroinmunología nos gusta mirar a la persona como un todo.

El sistema inmunitario, el intestino, el cerebro, el descanso, el estrés y la alimentación están conectados. Por eso, cuando un niño tiene alergias o problemas respiratorios, no solo nos fijamos en sus síntomas.

También podemos preguntarnos:

¿Duerme bien? ¿Cómo es su alimentación? ¿Cómo está su digestión? ¿Tiene suficiente actividad física? ¿Está pasando por una época de mucho estrés? ¿Está expuesto a humo, contaminación u otros factores que puedan empeorar sus síntomas? Todo suma.

¿Y cuándo puede ser interesante suplementar?

Lo primero siempre será cuidar la alimentación. Una dieta variada, con alimentos frescos y fuentes de omega-3, es una buena base.

Pero no siempre es fácil conseguir una cantidad adecuada a través de la alimentación. En algunas familias puede ser interesante valorar un suplemento de omega-3, siempre teniendo en cuenta la edad, la alimentación, las necesidades de cada persona y la medicación que pueda estar tomando.

Por eso, suplementar no debería ser una decisión automática. Lo ideal es hacerlo de forma personalizada y con el acompañamiento de un profesional sanitario.

Desde la PNI, el objetivo es ayudar al organismo a estar en las mejores condiciones posibles para regularse y responder de forma adecuada.

Cuidar el descanso, la alimentación, el intestino, el movimiento, el estrés y el entorno puede ser tan importante como prestar atención a los nutrientes que nos faltan.

El omega-3 puede ser una pieza más de este puzzle.

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Porque cuando hablamos de salud respiratoria infantil, no se trata solo de actuar cuando aparecen los síntomas. También podemos cuidar el terreno sobre el que crecen nuestros hijos, día a día y desde dentro.

Si crees que una asesoría de psiconeuroinmunología puede ayudar a tu hijo, consulta con Respiro para establecer unas pautas adecuadas de manera individualizada.